Capítulo 5:
Secuelas
[Al día siguiente]
-Le estuve
llamando al celular, pero no me contestó – comentó Jeno, mientras subía las
escaleras que conducían hacia el departamento de Mark.
-Seguro tiene
una resaca del demonio – secundó Jaemin.
-¿Tú crees? –
agregó Jeno.
-Sabes cómo
es – contestó el otro.
Su pequeña
charla se detuvo apenas ambos estuvieron frente a la puerta del departamento de
su amigo.
Jeno iba a
tocar la puerta, pero la vio entre abierta; miró a Jaemin, el cual estaba tan
sorprendido como él.
-Entremos –
alentó Jaemin.
Jeno abrió la
puerta con lentitud, el lugar estaba hecho un desastre, como siempre.
-Mira –
exclamó Jaemin, señalando la habitación de Mark.
-¿La puerta
abierta? ¿Desde cuándo? – cuestionó Jeno.
Mark nunca
dejaba abierta la puerta de su habitación, aunque viviera solo. Aquel era su
espacio privado, ni sus amigos sabían cómo lucía a pesar de llevar años
visitándolo.
Ambos
caminaron hacia ahí y, con mucho cuidado, asomaron la cabeza.
-Dios mío –
exclamó Jaemin tras ver quién estaba
durmiendo en la cama.
-Oh – fue lo
único que salió de la boca de Jeno.
Los dos
chicos estaban estáticos, tratando de procesar lo que estaban viendo.
Donghyuck, el tan odiado vecino de su amigo, estaba en la cama, completamente
desnudo.
-¿En dónde
está Mark? – preguntó Jeno.
Ambos se
quedaron en silencio y fue ahí donde se percataron del sonido de la regadera.
-¿Qué
hacemos? – exclamó Jaemin.
-¿Irnos? Si
se entera de lo que descubrimos, nos matará – explicó con miedo Jeno.
-Tienes
razón, salgamos de aquí – agregó Jaemin.
Ambos
abandonaron el lugar, no sin antes dar un último vistazo al chico en la cama;
seguían sin poder creerlo.
Terminaron
escondiéndose en la tienda de conveniencia cercana al condominio.
-¿Crees que
lo haya violado? – preguntó Jaemin, extendiéndole un vaso de café a Jeno para
después sentarse junto a él.
-No sé qué
pensar, ni siquiera revisamos si estaba vivo – contestó el otro chico.
-Dudo que lo
haya asesinado. Pero lo de violarlo… no sé – opinó Jaemin.
-Mark es todo
un misterio y eso que es nuestro amigo.
-Tienes
razón.
Ambos
brindaron con sus vasos de café y continuaron platicando de temas banales.
Ninguno de los dos quería platicar a profundidad sobre aquel tema, pero sabían
que necesitarían preguntarle a Mark tarde o temprano.
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Donghyuck
abrió los ojos con pesadez, su cuerpo dolía terriblemente, sobre todo su
espalda baja.
Con
dificultad, se incorporó en la cama, percatándose de que sus muñecas habían
sido liberadas. Apenas logró despabilarse, los recuerdos de lo ocurrido la
noche anterior inundaron su mente, haciendo que sus ojos se humedecieran de
inmediato.
-Necesito
salir de aquí – dijo para sí mismo. Limpió el par de lágrimas que salieron de
sus ojos y se dispuso a levantarse de la cama, apoyándose del colchón y de la
cabecera. Sintió una dolorosa punzada en su trasero apenas sus pies tocaron el
suelo; el llanto regresó a él.
Una vez que
logró recolectar su ropa y vestirse, importándole muy poco limpiar los restos
de semen en su vientre, caminó hacia la entrada de la habitación, aprovechando
que la puerta estaba abierta, pero sus pasos se detuvieron cuando Mark apareció
frente a él.
-¿Sigues
aquí? – cuestionó con desgano el chico malo.
-Y-yo… -
Donghyuck rompió el contacto visual y bajó la cabeza -Sí – murmuró.
-Creo que no
hace falta advertirte que, si dices algo—
Estiró la
mano derecha depositándola en el hombro izquierdo de Donghyuck, estrujando con
fuerza su piel.
-Las cosas se
pondrán feas, ¿verdad? – agregó.
Donghyuck
mordió su labio inferior, intentando no llorar.
-No diré nada
– contestó en voz baja Donghyuck.
-¿Qué? No te
escuché.
-¡No diré
nada! – alzó la voz.
-Así me
gusta. Ahora, ¡fuera de aquí!
Donghyuck dio
un respingo y caminó hacia la salida lo más rápido que su cuerpo y adrenalina
le permitieron.
-Espera – la
voz de Mark le detuvo en seco -Le quité el seguro a tu puerta. Tómalo como un
regalo después de lo de anoche.
Los ojos de
Donghyuck nuevamente se humedecieron, pero salió de ahí antes de que no pudiera
contenerlo más.
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Donghyuck
agradeció que su hermano tenía el hábito de ir directo a su habitación luego de
su guardia, sólo le gritaba un “hola” y no lo volvía a ver hasta pasado el
medio día.
Antes de que
las emociones le sobrepasaran, necesitaba hacer algo con el dolor en su cuerpo;
así que, sin tener otra opción, caminó hacia la habitación de Johnny, quien
debería tener algo para el dolor. Rogaba porque éste estuviera profundamente
dormido y no le hiciera preguntas porque si no explotaría ahí mismo.
Abrió la
puerta y asomó la cabeza. Su hermano no estaba en la habitación; era extraño
que no llegara a dormir y que no avisara antes. No le quiso dar más vueltas al
asunto y terminó de ingresar a la pieza.
-Esto debe
funcionar – exclamó tras encontrar una caja con medicamentos para el dolor.
Conocía lo más básico sobre farmacéutica, pero al menos le ayudaba a salir de
apuros.
Salió de la
habitación y fue a la cocina por un vaso con agua para poder tragar con
facilidad la pastilla. Tras depositar el vaso en el lavamanos, no pudo
contenerlo más y estalló en llanto.
Estuvo cerca
de 10 minutos apoyado en el lavamanos, estrujándolo con fuerza, llorando hasta
que sus ojos ardieron y su nariz chorreaba de fluido nasal.
-Maldita sea,
Donghyuck, ¿por qué lo permitiste? – reclamó con coraje hacia sí mismo.
Abrió la
llave de agua y se enjuagó el rostro. Se dio la media vuelta y caminó hacia su
habitación, aún tenía algunos espasmos por el llanto. Tomó algo de ropa limpia
y se dirigió al baño.
No tenía idea
de qué hora era, sólo sabía que tenía clase y que seguramente tendría 500
llamadas y 1, 000 mensajes de Jungwoo, pero poco le importaba; necesitaba
arrancar de su cuerpo lo que había pasado la noche anterior.
Tras
retirarse el pantalón junto con la ropa interior, pudo ver pequeñas manchas
rojas impregnadas en la última prenda, lo cual sólo ocasionó que el llanto
regresara y un par de arcadas se hicieran presentes.
Sacudió la
cabeza, tratando de sacar de su mente las imágenes que no quería recordar.
Ingresó a la ducha donde continuó su llanto mientras tallaba su cuerpo hasta
dejar su piel roja; las marcas de las esposas estaban ahí, eran demasiado
obvias. Inconscientemente se tocó el cuello, seguramente también tendría marcas
ahí.
Bajó la
mirada hacia su miembro.
“¿Vas a venirte?”
-No, no, no.
No lo recuerdes – se regañó a sí mismo.
“Venirse sin avisar, eso no se hace.”
Para cuando
reaccionó, su mano derecha ya había envuelto su miembro. Se apoyó en la pared
con su mano izquierda, separó las piernas un poco y comenzó a subir y bajar la
mano que sostenía su pene, disfrutando de la fricción.
La sensación
de la lengua y labios de Mark saboreando su boca, sus piercings y sus gruesas manos
presionando contra su piel, asaltaba su mente y cuerpo.
El movimiento
en su mano había aumentado, sus caderas comenzaron a moverse también. Estaba a
punto de acabar, pero faltaba algo más.
Se volteó y recargó
la espalda contra la fría loza para no perder el equilibrio y liberar su mano
izquierda, la cual dirigió hacia su entrada, ingresando un dígito y luego otro,
imaginando que aquellos eran los dedos de Mark, incluso los tatuajes
aparecieron en su fantasía. La imagen del chico malo mirándolo fijamente
mientras aceleraba el movimiento de sus dedos, estaba clavada en su mente.
“Qué bien te sientes, maldita sea.”
Con esta
última frase, sintió aquel líquido caliente en su mano. Hizo la cabeza hacia
atrás y la apoyó contra la pared, tratando de regular su respiración. Retiró
los dedos de su interior y volvió a enjuagarse sin pensar mucho en lo que acaba
de hacer, quería echarle la culpa a lo sensible que se encontraba su cuerpo
tras lo que había pasado con su vecino.
Continuará…
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