CapÃtulo 9
Besos y chocolates.
Besos y chocolates.
{Al
otro dÃa}
Era
viernes y Kibum, por suerte, no tenÃa clases ya que era dÃa festivo y Minho
tampoco trabajaba.
El
menor se habÃa levantado con un fuerte dolor de cabeza, querÃa tomar algo, pero
si le preguntaba a Minho, éste seguramente terminarÃa gritándole; asà que no le
quedó de otra más que aguantárselo.
Se
encontraba andando por la casa, mientras se sobaba las sienes; Choi estaba en
el comedor, revisando algunos documentos.
= Tú
– habló frÃamente el alto.
=
¿Si?
= No
quiero que digas ni una sola palabra sobre lo de anoche ¿quedó claro?
=
¡¿Qué pasó anoche?! – cuestionó asustado.
=
Hablo de lo que pasó en la bodega – dijo con voz seria.
Kibum
se sonrojó tras recordarlo.
=
S-sÃ, no te preocupes, no diré nada – hizo una pausa = Pero…¿puedo preguntarte
algo?
=
¿Qué?
=
¿Yuri es tu amante?
Minho
se descolocó durante un par de segundos.
=
¡¿Qué mierda estás diciendo?! – alzó la voz.
= Es
que…los vi en el baño y…
=
¿Me estabas espiando?
=
¡No claro que no!
=
¡Estúpido niño chismoso! ¡Qué rayos te importa! – decÃa irritado = ¡Ni una sola
palabra a mi novia!
Kibum
abrió la boca, pero Minho le interrumpió.
= O
si no, le diré a Dongwoon que andas besándome.
=
¿Ah? ¡Yo no te he besado! ¡Tú… - calló y bajó la cabeza; Minho le intimidaba
demasiado.
=
¿Entendido enano?
= SÃ
– murmuró.
=
Bien.
La
puerta comenzó a sonar.
=
Abre – ordenó.
Kibum
hizo una mueca al abrir la puerta.
=
¡Yuri! – exclamó el alto = Kibum, lárgate.
Key
habÃa acordado salir con Dongwoon. Ya casi era la hora; se alistó rápidamente y
bajó dispuesto a irse. Minho estaba encerrado con aquella chica. Asà que no se
darÃa cuenta de su ausencia, sin embargo, al acercarse a la puerta…
= ¿A
dónde vas? – lo encontró preparando algo en la cocina.
= Voy
a salir con Dongwoon.
= No
puedes. Estás castigado por haberte emborrachado ayer.
=
¿Castigado? Fue culpa de tu amigo – justificó = Minho por favor, déjame salir
con él – suplicaba = No tengo nada qué hacer.
= He
dicho que no.
=
Minho…
=
¡No es no!
El menor
sintió cómo se le humedecÃan los ojos; se dio la media vuelta dispuesto a irse
a su habitación, pero…
=
Kibum – habló Minho.
=
¿Qué? – se volteó.
=
Ven aquà – le hizo una seña con la mano.
Kim
se acercó con algo de duda. El alto lo tomó de la cintura y lo pegó a su
cuerpo.
=
N-no, déjame – se quejaba, mientras forcejeaba para separarse.
=
¿Tienes brillo en los labios? – cuestionó.
= S-sÃ,
pero, ¡¿qué… - intentó preguntar, pero, unos carnosos y esponjosos labios se
posaron sobre los suyos que poco a poco comenzaron a ser lamidos y succionados.
Su espalda habÃa chocado con el refrigerador.
Minho
depositó ambas manos sobre las caderas del adolescente, el cual, habÃa enredado
sus manos entre los suaves cabellos del alto.
Ambos
estaban tan sumergidos en su burbuja de besos que no se percataron de la
presencia de “cierta” persona.
Choi
se separó lentamente de Kibum y lo observó durante algunos segundos, hasta que
la mirada de susto que tenÃa el adolescente lo alarmó.
=
¡¡Yuri!! – exclamó Minho tras voltearse = N-no es lo que piensas, es solo que…
=
Minho no sabÃa que tenÃas esa clase de gustos – soltó la chica.
=
¡¿Qué?! ¡A mà no me gustan los hombres! – dijo.
=
Pues eso no es lo que parece – levantó una ceja.
= Toma
tus cosas, te llevaré a casa – dijo Choi.
= Ok
– la chica regresó por su bolso a la habitación del empresario.
Kibum
se encontraba con la cabeza gacha, esperando a que Minho le echara la culpa por
haber sido descubiertos, pero dicho regaño nunca llegó.
El
resto del dÃa, no se vieron las caras ni por error. Choi se encerró en su
habitación y Kibum hizo lo mismo.
~*~
{Al
otro dÃa}
Por
fin era sábado. Key yacÃa sumido en un profundo y reconfortante sueño, hasta
que…
=
¡Kibum! – gritó Minho.
=
¿Qué? – murmuró.
=
Necesito que compres algunas cosas.
= No
quiero, estoy cansado.
=
¡¿Cansado?! ¡Si no haces nada!
=
Claro que sà – se levantó de su cama = Voy a la escuela, te preparo el
desayuno, limpio la casa, soporto tus regaños y quejas de viejo andropáusico.
=
Hey, tú no limpias la casa, lo hace la señora del aseo.
= SÃ
como no, ¡hace dos semanas que no viene! – rebatió.
Minho
se sobó las sienes.
=
Cámbiate y luego bajas a la cocina – ordenó.
=
¡Te odio! – le gritó.
= Ya
lo sabÃa, gracias por recordármelo.
Kibum
abrió las puertas de su clóset, tomó lo primero que vio y salió de su
habitación.
=
¿Por qué rayos no tengo un baño? – bufó mientras bajaba las escaleras.
Después
de lavarse la cara y arreglarse el cabello, fue a la cocina, tal como Minho le
habÃa indicado.
=
¿Qué es lo que tengo que comprar?
=
Toma – le dio un pedazo de papel = Es algo sencillo, espero que no cometas
errores.
=
¡Ash! Dame el dinero.
=
Deja de hablarme asÃ.
= ¡Y
tú deja de molestarme!
= Ya
vete.
Media
hora después, regresó Kibum.
=
Ahà está.
=
Bien – dijo mientras revisaba la bolsa = Ahora, muéstrame qué fue lo que
compraste de más.
= No
compré nada.
=
Pues la nota dice lo contrario. Kibum, eres un tonto ¿sabÃas?
=
¡Está bien! Compré unos chocolates – le enseñó la caja; Minho se la arrebató.
=
Hmm, son de buena calidad.
=
¿Para qué son todas esas cosas?
=
Sulli vendrá a cenar; espero que te comportes.
=
Espera ¿estoy invitado a la cenar con ustedes?
=
¡No! Me referÃa a que no digas absolutamente nada sobre Yuri.
=
Ah~ - exclamó = ¿Se puede saber por qué engañas a Sulli?
=
Son cosas que un niño sin cerebro como tú, jamás entenderÃa.
=
¿Sin cerebro? Apuesto a que tengo más que tú.
=
¿Ah si? ¿Cuánto es 45x34? – dijo de repente; el menor parpadeo varias veces y
justamente cuando iba a contestar, Minho interrumpió = ¿Ves? Eres un niño
estúpido.
= Y
tú una rana fea y egoÃsta – le sacó la lengua y subió a su habitación.
Minho
sonrió al presenciar aquella acción; se le hizo algo…tierna.
~*~
Eran
cerca de las 5:00 PM y un apurado adolescente salÃa de su habitación.
= ¿A
dónde vas? – cuestionó Minho.
=
Saldré con Dongwoon.
= No
recuerdo haberte dado permiso.
=
¡No me importa, yo me voy! – abrió la puerta.
=
¡No! – Minho la cerró con fuerza.
=
¿Por qué? Mira, si me voy, podrás pasar un buen rato con tu novia; además
anoche no me dejaste salir.
El
alto parecÃa pensarlo.
=
Lárgate – suspiró.
=
¡SÃ! – exclamó y salió del departamento.
~*~
{Varias
horas después}
Minho
y Sulli estaban cenando tranquilamente cuando de repente se abrió la puerta del
departamento, ambos dirigieron sus miradas hacia aquel par de chicos que se
devoraban y tocaban con desesperación.
=
¿Kibummie? – exclamó Sulli.
El
aludido se separó rápidamente de su novio.
=
Yo… - pausó; lanzó un suspiro y se dirigió a su novio = Nos vemos el lunes ¿ok?
El
muchacho asintió y rápidamente se esfumó del departamento. Kibum aclaró la
garganta y comenzó a hablar.
= Lo
siento, es que...
=
¡Eres un grosero! – interrumpió Minho = ¡¿Cómo te atreves a hacer semejantes
cosas en MI casa?!
=
Minho, tranquilo… - habló Sulli, algo asustada por la reciente alteración del
alto.
=
No, este bicho debe aprender a respetar – se quejó Choi.
=
¡Minho, por favor! – Sulli intentaba calmar a su novio, pero no funcionaba.
=
¡Ya dije que lo siento! ¡No sabÃa que estaban aquÃ! – habló Kibum buscando
justificarse.
=
¡¿Qué no lo sabÃas?! ¡Te lo dije en la mañana!
=
Kibummie, ve a tu habitación por favor – pidió la joven.
El
adolescente asintió y rápidamente desapareció del panorama; si seguÃa un mili
segundo más parado en aquel lugar, seguramente terminarÃa aniquilado.
= No
deberÃas hablarle asà – dijo la chica.
=
Sulli, estaban a punto de tener relaciones en MI casa, enfrente de nosotros –
dijo intentando no gritarle a su novia.
= Es
un adolescente, compréndelo, le gustan los riesgos, vivir al lÃmite.
= Yo
no era asÃ.
=
Cada persona es diferente – añadió.
=
Como sea – bufó Minho = Ya se me fue el apetito por su maldita culpa.
=
Babo – Sulli se puso de pie = Ya me voy amor, necesito pasar a casa de una
amiga, por favor trátalo bien, es un buen chico.
=
Lamento haber arruinado nuestra cena.
= No
te preocupes, ya tendremos otra oportunidad. Adiós – lo besó y sin más se fue.
Minho
se dispuso a recoger la mesa.
=
Que desperdicio – dijo para sà mismo, al ver su plato prácticamente intacto.
Abrió
la puerta del refrigerador topándose con aquella caja color rosa: los
chocolates de Kibum.
Dejándose
llevar por la molestia e irritación que tenÃa, abrió la dichosa caja y comenzó
a comerse aquellos dulces.
=
Mmm~ delicioso – exclamó tras probar el primero de ellos.
=
¡No! ¡Mis chocolates! – gritó Kibum, el cual acababa de bajar a la sala =
¡Minho! – rápidamente se adentró a la cocina.
=
¿Qué? – dijo con la boca llena.
=
¿Por qué te los comes? – preguntó al borde del llanto = Son mÃos.
= Tú
los escogiste, pero los pagaste con mi dinero.
=
¿Por qué eres tan malo conmigo? – comenzó a sollozar mientras veÃa como
desaparecÃan aquellos empalagosos chocolates.
=
Oh, el último – Minho fingió sorpresa.
Kibum
pasó saliva suplicando porque Choi no hiciera nada “peligroso” con dicho dulce;
sin embargo, para su mala suerte, Minho se lo llevó a la boca.
=
¡No~! – gritó el adolescente.
El
alto le hizo una seña para que se acercara; Key tardó un poco en obedecer, pero
al final lo hizo. Choi lo tomó de la barbilla y rápidamente lo besó; gracias a
su experiencia, logró hacer que Kibum abriera la boca. Con ayuda de su lengua,
le pasó el chocolate.
Key
abrió los ojos cuando sintió aquello, se separó para poder masticarlo y luego
tragarlo.
=
¡Está riquÃsimo! – chilló inundándose de felicidad.
=
Kibum – habló Minho.
=
¿Hm?
=
Aún tengo más chocolate – sonrió de medio lado.
=
¿Dónde? – preguntó curioso.
=
Aquà – señaló sus labios.
Kibum
parpadeó repetidas veces.
=
Esto… - susurró.
Minho
lo pegó a la meseta de la cocina y de nuevo comenzó a besarlo. Key rápidamente
se aferró a su fuerte espalda.
Choi
abandonó los suaves labios del menor y lentamente fue repartiendo besos de
mariposa en el cuello de este. Empezó a desabotonarse la camisa. Kibum solo lo
observaba; su respiración se habÃa tornado irregular y sus mejillas ardÃan al
igual que todo su cuerpo. Jamás habÃa sentido algo asÃ.
El
alto volvió a acercarse a Key. Ahora lo besaba con desesperación.
=
Minho… - jadeó Kibum = Espera…
El
aludido sintió como si todo su cuerpo temblara. Su nombre habÃa sonado tan
excitante.
Tragó
fuerte y dirigió sus manos hacia el botón del pantalón del menor; lo desabrochó
y rápidamente metió su mano, comenzando a tantear el miembro del joven por
sobre la tela del bóxer y al poco tiempo ya estaba acariciando el pene del menor.
=
Ahh… - gemÃa un tembloroso Kibum; su mente se encontraba nublada, no podÃa
pensar con congruencia.
Choi
le lamÃa el lóbulo y de vez en cuando lo mordÃa suavemente. Sus pieles se
empapaban poco a poco de sudor.
Fue
cuestión de un par de bombeos más para que Kibum terminara en la mano de Minho.
Ambos
se separaron agitados. Minho rompió con aquella distancia y le dio un suave,
pero caluroso beso.
=
¿Minho?
Y
por primera vez en la vida, odió a su novia por ser tan inoportuna.
=
Amor, aquÅ - Sulli guardó silencio al toparse con una escena poco peculiar.
= Te
dije que no asà se abrÃa la salsa – “regañó” Minho mientras “lavaba” la camisa
del adolescente.
=
L-lo siento – murmuró Kibum.
=
Hola chicos, ¿qué pasó? – preguntó adentrándose a la cocina.
=
Kibum y su estupidez – contestó Choi.
El
menor salió con rapidez de la cocina, sin dar explicaciones y mucho menos mirar
a la novia del empresario.
=
Sigues tratándolo mal – bufó la muchacha.
= Se
lo merece.
=
¿Te ayudo? – se acercó a Minho.
=
¡No! – exclamó alarmado, pues no habÃa ninguna mancha de salsa en aquella ropa
= Es que…no quiero que…dañes tus hermosas manos – sonrió.
=
Estás raro, pero bueno…iré a ver a Kibummie, seguramente está llorando por tu
culpa – se volteó dispuesta a irse.
=
¡No! – volvió a decir = Y-yo… - su mente rápidamente comenzó a maquinar alguna
justificación convincente = Iré a llevarle su camisa, no me tardo – como si
fuese un atleta olÃmpico, salió de la cocina y subió las escaleras en cuestión
de segundos.
= Ok
– dijo la joven = Minho y su rareza – sonrió para sà misma.
~*~
[Con
Minho]
=
¿Kibum? – abrió la puerta lentamente.
=
¿Qué? – cortó.
=
Esto…sobre lo de la cocina… - se rascó la cabeza, no encontraba palabras.
=
Dijiste que no eras gay – interrumpió Key.
Minho
se sintió ofendido con aquello.
=
¡Claro que no lo soy! – gritó saliendo de sus cabales.
Key dio
un respingo.
= Es
imposible hablar contigo – le lanzó la camisa mojada y salió de la habitación.
El
adolescente suspiró con pesadez y se recostó en su cama.
= Si
Sulli no hubiese llegado, él y yo… - se sonrojó = Demonios, ¿por qué rayos sigo
su maldito juego? – bufó = Perdóname Sulli…pero, es que Minho… - tomó uno de
sus peluches y lo abrazó con fuerza = …es un idiota – continuó = Y odio no
poder decir que me arrepiento de las cosas que he hecho con él – confesó.
~*~
Minho
habÃa salido con su novia. No le avisó a Kibum, pues se aún permanecÃa molesto
con él por haberse atrevido a llamarlo gay.
=
Amor, ¿pasa algo? Estás muy callado – dijo la chica.
=
Nada, fue un dÃa largo – justificó.
=
Pero si es sábado.
=
¿Quieres comer algo? Yo invito – cambió de tema.
=
¿No se supone que Ãbamos a cenar en tu departamento?
=
Hubo un pequeño percance con la comida – hizo una pausa = Kibum la arruinó
cuando le echó la salsa – mintió.
= Oh
ya veo, bueno, entonces vamos – lo tomó de la mano y comenzó a jalarlo hacia el
área de los restaurantes.
Mientras
comÃan, Sulli no paraba de platicarle sobre cosas de su familia; Minho solo
asentÃa mecánicamente, pues estaba en conflicto consigo mismo.
=
“¿Cómo demonios pude...tocarlo de esa manera? ¡Choi Minho! No eres gay, te
encantan las mujeres, has tenido muchÃsimas durante toda tu vida, pero… –
suspiró = …ese niño me provoca cosas extrañas”
=
Amor, ¿seguro que te sientes bien?
=
¿Ah? SÃ, continúa – sonrió falsamente.
Y de
nuevo volvió a sumergirse en su guerra mental.
~*~
{Horas
después}
Minho
volvió al departamento.
=
¿Qué haces aquÃ? – le preguntó al menor tras verlo en la cocina.
=
Cenando – contestó.
=
Para eso está el comedor.
= Lo
siento – tomó su plato y salió de aquel lugar.
=
Toma – Choi le lanzó una caja; Kibum dirigió su vista hacia aquel objeto.
=
¡Chocolates! – exclamó sonriente.
=
Diviértete con ellos – bufó.
=
¿Divertirme? – susurró.
=
SÃ, divertirte – corroboró.
= No
entiendo – dijo para sà mismo.
=
Kibum.
=
¿Hm?
= No
te lo habÃa dicho, pero…besas bien – subió a su habitación, dejando en el
comedor a un sorprendido y sonrojado adolescente.
Continuará…