Autora: Kang
Grupo: EXO
Pareja: ChenTao (Top!Chen)
Clasificación: +18
Advertencias: AU, lemon
Nota: Tercera parte de apple.
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orange
-¡Ah, Chanyeol, espera! ¡AHM! – Tao gemÃa con fuerza, mientras
Park le embestÃa sin piedad.
-No, estoy a punto de venirme – dijo el gigante, llenando el
interior del chino a los pocos segundos.
-Demonios, te he dicho que no lo hagas adentro – se quejó Tao.
-No puedo evitarlo – agregó Chanyeol saliendo de su interior y
recostándose a un lado para recuperar la respiración.
-Mi mamá no debe tardar en llegar.
-Lo sé – Chanyeol se levantó de la cama y recogió sus ropas -Sehun
es un estúpido por haber renunciado, aunque debo agradecerle pues gracias a él
puedo cogerte.
-Cállate – bufó Tao -Y, ¿qué sabes de él? – preguntó cubriéndose
con las sábanas.
-Mmm… trabaja para un millonario y sigue con su novia.
-Ah – “respondió” el rubio.
-¿Qué? ¿Sigues interesado en él? – preguntó Chanyeol, una vez que
estuvo vestido.
-No… tú me coges mejor – Tao sonrió con picardÃa.
En eso, la puerta principal sonó.
-Demonios, ¡mi mamá! – Tao entró en pánico -Rápido, ve a la cocina
y sÃrvete un poco del jugo de naranja que hay en la mesa.
-Pero no tiene hielo y mucho calor…
-¡Vete! – Tao empujó a Chanyeol fuera de su habitación y corrió a
vestirse.
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-¡Oh, Channie! Hola –
exclamó la Sra. Huang.
-Buenos dÃas, señor y
señora Huang – Chanyeol hizo una reverencia.
-¿Qué haces por aquÃ? –
preguntó el padre de Tao.
-TenÃa sed y estaba a punto
de servirme un poco del jugo de naranja que preparó su hijo.
-Ya veo, déjame te sirvo –
la señora tomó un vaso de cristal que habÃa en la meseta de la cocina.
-Muchas gracias.
-A todo esto… ¿en dónde
está Tao? – preguntó.
Chanyeol intentó calmar sus
nervios; demonios, llevaba semanas cogiéndose al chino y habÃa podido ocultarlo
muy bien, ¿por qué ponerse histérico ahora?
-Supongo que en su
habitación – respondió.
-Hola mamá, hola papá –
dijo Tao, bajando las escaleras.
-Hola tesoro – dijo el Sr.
Huang -Qué bueno que te diste un baño.
-¿Por qué? – preguntó el
chino.
-Porque mi jefe está en
camino. Tenemos algunas cosas que revisar.
-Ah… - exclamó el rubio.
-Creo que ya es hora de que
me vaya – interrumpió Chanyeol.
-Te acompaño a la puerta –
dijo Tao.
Ambos señores quedaron
extrañados.
-Mujer, ayúdame a limpiar
la mesa – pidió el Sr. Huang.
-Hazlo tú, yo prepararé más
jugo de naranja – se quejó la señora.
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-¿Y ese milagro que viniste
a despedirme? – preguntó Chanyeol, sin dejar ese tono travieso que le
caracterizaba.
-Mi madre te trae ganas… -
soltó el chino.
-Ya lo sabÃa, no soy tonto.
-¿Y? ¿Qué harás?
-Hmm… tal vez me la coja
una vez, sólo por compromiso – respondió -Disfruto más cogiéndome a su hijo –
susurró en el oÃdo de Tao.
-Cállate – Tao le dio una
palmada en el pecho -Hasta la próxima semana.
-Hasta entonces – se
despidió Chanyeol -Por cierto, el jugo de naranja estuvo muy rico y también lo
“otro” – sonrió.
-Ya… vete – pidió Tao,
sonrojado.
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-Tao, hijo, ayúdame con el
jugo de naranja – pidió la Sra. Huang.
-¿Por qué? – se quejó el
rubio.
-Es que…
Sonó el timbre de la reja.
-Mejor va a abrir, debe ser
el jefe de tu padre – pidió la señora.
-SÃ.
Tao se miró en el espejo de
la sala; arregló sus ropas y su cabello y salió de la casa; detrás de la reja,
se encontraba un joven más bajo que él, pantalones ajustados y rasgados, sport,
chaqueta de cuero y lentes negros.
-Buenos dÃas, soy Chen.
-¿Chen? ¿Se te ofrece algo?
-¡Sr. Kim! Buenos dÃas... –
saludó el padre de Tao.
El rubio dirigió su mirada
hacia el chico.
-Disculpe los modales de mi
hijo – el Sr. Huang abrió rápidamente la reja -Pase, pase, está en su casa.
-Muchas gracias – Chen pasó
de largo a Tao, como si no existiera.
-What the fuck? – murmuró
el chino -Qué grosero – bufó.
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Pasó alrededor de media
hora y tanto Chen como el Sr. Huang no podÃan concentrarse por el ruido de la
televisión.
-Tao.
-¿Qué?
-¿PodrÃas ir a tu
habitación? Intento trabajar.
-Y yo intento ver Keeping Up with the
Kardashians – bufó el rubio, sin dejar
de ver su programa.
-¿Dejará que su hijo le
responda de esa manera? – preguntó Chen con cizaña.
-Tiene razón, ahora vuelvo
– el padre de Tao nunca habÃa sido autoritario, le permitÃa todo a su hijo; sin
embargo aquel comportamiento frente a su jefe, le dejaba mal -ZiTao.
-No intentes usar el método
de mamá, no te queda – dijo el rubio.
El Sr. Huang le arrebató el
control remoto y apagó la televisión.
-¡¿Qué demonios te pasa?! –
gritó.
-Vete a tu habitación antes
de que te castigue – dijo el señor.
-No.
-Tao… ¿quieres que te deje
sin tarjetas de crédito?
El rubio se mordió el labio
inferior, pero no cedió.
-Sin celular… sin dinero…
sin ropa…
-¡Está bien! – bufó. Salió de la sala rumbo a las
escaleras.
-Lo siento mucho, señor
Kim.
-No se preocupe, algunos
adolescente requieren de mucha disciplina para mejorar su terrible
comportamiento – dijo Chen viendo fijamente al rubio; Tao desvió la mirada,
molesto y subió a su habitación.
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|Una hora después|
Estaban a punto de
finalizar la revisión de aquel proyecto, cuando la señora Huang entró
despavorida a la casa.
-Mujer, ¿qué pasa?
-El vecino tiene un panal
en su patio.
-¿Y?
-¡Y el tonto de su nieto
comenzó a jugar con él, lo tiró y ahora hay abejas por toda su casa!
-¿Ya llamaron a los
bomberos?
-SÃ, pero de aquà a que lleguen…
-Lo siento, señor Kim, pero
tengo que ir, Tao es alérgico a la picadura de abeja… - dijo algo alterado.
-No se preocupe, vaya. A
propósito, ¿me presta su baño?
-Claro, hay uno debajo de
las escaleras. Con permiso – el señor salió de la casa, junto con su esposa.
Chen esperó a que los
señores fueran a casa del vecino, para “ir al baño”. Subió sigilosamente las
escaleras de madera. Cuando llegó al segundo piso, vio tres puertas, pero no
necesitó abrirlas para averiguar cuál era la habitación de Tao, sólo bastó con
ver la puerta negra con un enorme letrero de que decÃa: Bitch, I might be.
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Tao estaba a punto de
quedarse dormido, cuando de la nada, la puerta de su cuarto se abrió.
-¡¿P-pero qué…?! ¡¿Qué hace
aquÃ?! – exclamó tras ver que Chen entraba a su habitación -¡Váyase!
-Esa no es manera de tratar
al jefe de tu padre.
-Está irrumpiendo mi
privacidad, no tiene derecho – Tao se levantó de la cama y enfrentó a Chen
-¡Fuera! – gritó.
-No eres quién para darme
órdenes.
-¡Usted tampoco!
-Si no haces lo que te
diga, despediré a tu padre – soltó el coreano.
-¿Qué?
-Lo que es escuchaste,
ahora… - jaló la silla del escritorio de Tao -Ven – se sentó.
-¿Qué es lo que quiere? –
Tao tenÃa un mal presentimiento.
-Algo sencillo.
-¿Qué?
-Acércate y te digo.
Tao rodó los ojos y se
acercó de mala gana; Chen le jaló de la cintura y lo sentó en sus piernas.
-N-no… suélteme…
-La orden es… - se acercó a
su oreja -Dejar que te coja.
Tao palideció y se le quedó
viendo fijamente.
-No – contestó.
-¿Qué? Si te niegas, tu
papito se queda sin trabajo – agregó Chen.
-¿Me está manipulando?
-Tómalo como quieras…
Tao no necesitó pensarlo
mucho; Chen no era feo, pero sobre todo, tenÃa un cuerpo bien trabajada, lo
cual fue lo primero que llamó su atención.
-Está bien – contestó el
rubio -Pero sólo una vez y con protección.
-De acuerdo – Chen se lanzó
a los labios del rubio, mordiéndolos y chupándolos con ferocidad.
Sus ropas se encontraron en
el piso en cuestión de segundos.
-¿Estás bien? – preguntó
Chen, tras ver los gestos que Tao hacÃa mientras se autopenetraba.
-S-sÃ, es sólo que… esta
posición…
Chen sonrió, le tomó de los
hombros y lo sentó en su pene. Tao sintió cómo se desgarró su interior. Se
abrazó de Chen; temblaba por el dolor que le provocó aquella acción.
-Lo lamento… - susurró
Chen, lamiéndole el lóbulo de la oreja.
El coreano comenzó a
moverse, tras notar lo inquieto y necesitado que se encontraba Tao.
-Mastúrbate para mà –
ordenó Kim.
Tao hizo caso. Dirigió una
de sus manos a su pene y la otra la dejó en el hombro de Chen, para no perder
el equilibrio mientras éste le embestÃa. Bombeaba su miembro con rapidez; el
placer comenzaba a inundar su cuerpo; los dedos de sus pies empezaron a
acalambrarse, Chen le ayudó un poco, besándolo y penetrándolo con mayor intensidad.
-Espera… me lastimas… ah –
se quejaba.
Kim salió de su interior
sin decir nada. Antes de que Tao pudiera preguntar, se encontró de cara contra
su escritorio, y luego sintió la intromisión del miembro del jefe de su padre.
-N-no… hnm… me duele – decÃa,
pero Chen no paró en ningún momento, al contrario, empezó a masturbarle.
A los pocos segundos, Tao
se vino por segunda ocasión; Chen por vez primera. Tao se recargó en el
escritorio una vez que Chen salió de su interior y se quitó el condón.
-Hazme una mamada.
-¿Ah? – Tao seguÃa sin
recuperar el aire.
-Rápido, tus padres pueden
volver en cualquier momento.
Tao bufó y se hincó. Se
engulló aquel falo; mordÃa y lamÃa la punta, acariciaba y jugaba con los
testÃculos, hasta que Chen le detuvo.
-Abre la boca.
-No, odio el semen en mi
cara – se quejó el rubio.
Chen le ignoró y se vino
sin avisar, manchando el rostro de Tao.
-¡Qué asco! – gritó el
chino, rápidamente se puso de pie y tomó la caja de pañuelos que habÃa sobre el
buró junto a su cama, cuando terminó de limpiarse, Chen ya se habÃa vestido.
-Adiós – salió de la
habitación.
Tao se quedó estupefacto
por varios segundos.
-Idiota – bufó entrando a
su baño para tomar una buena ducha.
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Chen bajó al comedor y
continuó trabajando como si nada hubiese pasado.
Alrededor de 15 minutos
después, los señores Huang regresaron.
-Lamento la demora – dijo
el Sr. Huang.
-No se preocupe.
Ambos siguieron con su
labor, mientras la señora Huang hacÃa la comida.
-Señor Kim, ¿se queda a
almorzar? – preguntó la mujer.
En ese momento, Tao bajaba
las escaleras; entró en pánico tras escuchar aquello. Chen pudo ver por el
rabillo del ojo al hijo de los Huang; sonrió con malicia.
-Claro que sÃ, serÃa un
placer – contestó.
Tao tomó aire y terminó de
bajar para meterse a la cocina.
-Creo que comeré en mi
habitación – dijo el rubio.
-¿Por qué?
-Es que… me siento incómodo
con el jefe de mi papá.
-No, comerás con nosotros –
dijo su padre, el cual entraba a la cocina para servir un poco más del jugo de
naranja en los vasos vacÃos.
-Pero… papá…
-Es mi última palabra.
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Durante la comida, Tao
estuvo extremadamente tenso; Chen, por su parte se comportó como si nada.
-Bueno, creo que es hora de
irme – dijo el coreano, mirando su carÃsimo reloj dorado -Muchas gracias por la
comida, estuvo deliciosa – se levantó de la mesa.
-No hay de qué, fue un
placer – contestó la madre de Tao.
Tao y sus padres,
acompañaron a Chen a la puerta, obviamente obligados por el Sr. Huang.
-Fue un gusto haber
conocido a su esposa y a su hijo – dijo mirando de reojo al rubio, el cual se
encontraba con el ceño fruncido -Nos vemos el lunes – se despidió; caminó hacia
la salida, para después subir a su Lamboghini rojo.
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|Horas después|
Tao estaba entretenido
buscando qué comprar en lÃnea, cuando vio que dentro de una de las bolsas
traseras del pantalón que tenÃa sobre la cama, habÃa un pedazo de papel.
-¿Qué es esto? – se
preguntó, mientras lo abrÃa.
Te
quiero hoy, a las 10:00 P.M. en mi oficina.
Chen
Tao leyó y releyó aquella
lÃnea, para después sonreÃr y dirigirse a su clóset en busca de algo qué
ponerse.
F I N
