CapÃtulo 2. Reencuentro
— DIEZ
AÑOS DESPUÉS —
Para muchas personas diez años pasan volando, pero para Mark aquel
tiempo habÃa sido un total infierno. Vivió vejaciones inenarrables, tuvo que
relacionarse con gente sumamente peligrosa hasta el punto de endeudarse por
protección, pero aún quedaba algo de luz entre tanta obscuridad.
Su mejor amigo, Johnny, quien era el único que podÃa visitarle, le habÃa
informado que su hijo habÃa sido adoptado por una buena familia que le brindaba
todo el amor que, por malas decisiones, sus padres biológicos no podrÃan
proporcionarle. Le mandaban fotos y vÃdeos del pequeño; en esos diez años sólo
habÃa podido verlo dos veces, cuando tenÃa 6 años y cuando estaba a punto de
cumplir 9. Los Zhong le dijeron que por favor les contactara cuando saliera de
la cárcel para poder programar una reunión con el niño y Mark no podÃa esperar
a que eso pasara.
Apenas la reja se cerró tras él,
fue casi asfixiado por los brazos de Johnny.
-Hey, ¿por qué esa cara? ¡Ya eres libre! Además, pronto verás a Chenle –
exclamó el alto mientras se separaba de su amigo.
-De la cárcel sÃ, pero no de—
-¿Sigues con esa idea? Vamos Mark, hace muchos años que no se sabe nada
de él. Es como si la tierra se lo hubiera tragado – mintió Johnny, pues durante
esos diez años se habÃa encargado de mantener aquel grupo de parejas operando
en un bajo perfil y habÃa encontrado el paradero de Donghyuck; sin embargo, a
pesar de los consejos de sus compañeros, habÃa optado por no contarle a Mark,
pues no podrÃa soportar verlo sufrir aún más.
-No me importa. Lo voy a encontrar cueste lo que cueste y le haré pagar
por todo.
Johnny suspiró cansado.
-Bueno, bueno. No puedes planear el asesinato perfecto con el estómago
vacÃo. Vayamos a comer algo, yo invito – sugirió, cambiando de tema.
Ambos se subieron a la van del más alto.
-Está bien, pero primero llévame al cementerio, quiero hacerle una
visita a Ye Bin – contestó Mark con melancolÃa. SerÃa la primera vez que
visitarÃa la tumba de la chica.
-Tú mandas – Johnny puso el motor en marcha.
Mark estaba seguro que con ayuda de las conexiones que habÃa hecho en la
cárcel, encontrarÃa a Donghyuck sà o sÃ, el problema es que primero necesitaba
saldar sus deudas.
— 🥀 —
— MESES
DESPUÉS —
Mark se habÃa convertido oficialmente en el jefe del grupo de parejas,
pues Johnny consideró que estaba más que capacitado para tomar su lugar; ahora
se dedicaban al robo cibernético a inexpertos empresarios y de vez en cuando
hacÃan negocios en el mercado negro; asà fue como conoció a Lucas Lee, el único
hijo de un famoso ex polÃtico chino que se encontraba en la cárcel por tráfico
de personas y otros negocios ilÃcitos en el mercado negro.
A pesar de su corta edad, los rumores decÃan que a aquel chico no sólo
“le faltaba un tonillo”, sino que también era considerado altamente peligroso
pues era un depravado y sanguinario hombre de negocios.
-Tengo un deal para ti, mi querido Mark – explicó el chico del otro lado de
la lÃnea.
-¿De qué se trata?
-Es mejor hablarlo en persona.
-Si es para pasar cosas por el mercado negro, puedo mandar a Johnny en
mi lugar. Estoy oc—
-No quieres dejar pasar esta
oportunidad – dijo con tono serio -¿Verdad?
Mark sintió un escalofrÃo recorrer su espalda.
-No – contestó rápidamente.
-¿Te parece mañana a las 11:00
pm?
-SÃ.
-Bien, mandaré a uno de mis
choferes por ti.
Mark esperó a que Lucas cortara la llamada. Si lo hacÃa antes que él,
este enfurecerÃa. Lo habÃa visto asesinar a varios de sus empleados a sangre
frÃa por el simple hecho de no hacer las cosas como él las ordenó.
Se reunirÃan en uno de los casinos de Lucas. Los rumores decÃan que
dichos casinos en realidad eran lugares en los cuales la gente de poder solÃa
refugiarse a cometer todo tipo de actos ilÃcitos. El sexo, las drogas, la
violencia… todo lo más bajo estaba permitido.
-Por aquà – indicó uno de los guardias mientras les guiaba por un
pasillo hacia la oficina de Lucas -Adelante – dijo.
Johnny y Mark ingresaron al lugar señalado por el guardia. Lucas les
esperaba sentado sobre su escritorio con un puro en una mano y una copa en la
otra.
-Bienvenido—s… pensé que vendrÃas solo, Mark – comentó el joven,
visiblemente molesto por la presencia del alto.
-Es mi mano derecha, lo sabes – contestó el aludido.
-Entonces creo que no le molestarÃa esperar afuera con mis guardias, ¿o
sÃ? – miró al más alto.
Johnny suspiró y miró a Mark, el cual asintió.
-Con permiso – bufó y abandonó la oficina.
-Es de confianza – agregó Mark.
-El negocio es entre tú y yo.
Mark asintió, no querÃa sacar de sus cabales al chico.
-Iré directo al grano – pausó. Depositó su copa en el escritorio para
luego extenderle un sobre de manila a Mark.
-¿Qué es esto?
-Algo que llevas mucho tiempo buscando.
Mark le miró con incredulidad, pero procedió a abrir el sobre y sacar su
contenido. Sintió cómo la ira se apoderaba de su ser apenas vio la foto de la
persona que habÃa arruinado su vida: Donghyuck.
-Luego de aquella noche en su mansión, Donghyuck comenzó a sufrir
ataques de pánico. Su familia ignoró aquello y lo mandaron de regreso a
Francia, pero no asistÃa a clases, comenzó relacionarse con gente peligrosa y a
consumir drogas hasta que sufrió una sobredosis y debido a esto, sus padres le
encerraron en una clÃnica privada en Suiza, pero escapó luego de estar 3 años
ahÃ. Estuvo prófugo en Francia durante unos 5 años hasta que fue capturado y
encerrado nuevamente en la clÃnica – explicó Lucas.
-Me alegra que haya terminado loco – murmuró Mark.
-No creo que esté loco, a lo mejor sólo quiere huir del pasado, ¿no? –
preguntó a la vez que sonreÃa espeluznantemente.
Mark no dijo nada, sólo apartó la mirada.
-Entonces… ¿aceptas el negocio?
-¿Qué debo hacer exactamente? – cuestionó Mark.
-Evitar asesinarlo, lo necesito vivo para— olvÃdalo, luego hablamos del
resto del plan. Enfócate en ir por él.
Mark no pensaba con claridad, sólo querÃa encontrarse cara a cara con
Donghyuck y hacerle sufrir por el resto de sus dÃas.
-Tic tac, Mark – insistió
Lucas.
-Acepto – respondió.
-¡SabÃa que no me defraudarÃas! La próxima semana partirás a Suiza,
dejaré que tu perro fiel te acompañe—
-Se llama Johnny – interrumpió Mark.
-SÃ, sÃ. Lo que digas – bufó -Una vez que estés ahÃ, recibirás más
instrucciones. Recuerda que todo debe ser al pie de la letra, si no te quedarás
sin cabeza – sonrió perversamente.
— 🥀 —
-¡¿Aceptaste?! – gritó Johnny apenas Mark le contó sobre el trato que
habÃa hecho con Lucas.
-Escucha, tiene asuntos que resolver con ese imbécil y su familia, yo
igual; además nos pagará todo, sabes que eso es una gran ventaja. El grupo se
está yendo al demonio, no tendremos ni en qué caernos muertos. Dependemos de
esto.
-Espera un momento, ¿te pagará por secuestrar a Donghyuck?
Mark asintió.
-¿Y por qué no manda a su gente? No es por menospreciarnos, pero ellos
están más capacitados para un secuestro. Además, ¿has pensado en Chenle? ¿Qué
tal si algo sale mal y terminas nuevamente en la cárcel? Mierda, Mark, Lucas es
demasiado peligroso.
El aludido suspiró y sonrió.
-Escucha, no te estoy obligando a ir, sólo—
-No sé ni para qué insisto, si al final logras lo que quieres – bufó
-Hagámoslo.
Mark lo envolvió en un fraternal abrazo.
-Gracias, bro.
Ambos continuaron su almuerzo.
Mark se habÃa mudado con Johnny apenas salió de la cárcel, pues no tenÃa
ningún otro lugar en donde quedarse y eso le hacÃa sentir que se estaba
aprovechando de su amigo, quien no le cobrara ni un peso.
— 🥀 —
— UNA
SEMANA DESPUÉS —
Mark y Johnny se encontraban en Suiza. Lucas les habÃa contactado con
Mary, la nueva directora del turno de la tarde; apenas llevaba dos meses en ese
cargo y los rumores acerca de que maltrataba a los pacientes y que tenÃa
contactos con gente de poder, eran el pan de cada dÃa.
Mary les facilitarÃa el acceso a la clÃnica. El plan serÃa puesto en
marcha cuando todos los pacientes estuvieran durmiendo.
-Ponte esto, es para que te mezcles con el personal de guardia. No pude
mandarlos a sus casas pues levantarÃa sospechas – explicó la mujer mientras
acariciaba sugestivamente la espalda de Mark.
-RepÃteme el número de la habitación – pidió Mark a la vez que se
cambiaba frente a la directora, una mujer arriba de los 45 años.
-Está en el cuarto piso – indicó, mirando de arriba abajo el cuerpo bien
trabajado de Mark -Pero no te daré el número a menos que me des algo a cambio.
-Y eso supongo que es…
La mujer sonrió de medio lado y comenzó a desabrocharse el uniforme.
Mark rodó los ojos y se bajó los pantalones; no tenÃa de otra, si se negaba,
serÃa enfurecer a Lucas.
Una vez consumado el acto, la mujer reveló el número de la habitación.
-Espera – llamó la chica.
-¿Qué? – respondió de mala gana, ya no la soportaba.
-Necesitarás esto – la mujer le extendió una jeringa -Donghyuck es
bastante agresivo.
-¿Para qué se supone que sirve?
-Es un tranquilizante. Hace un par de horas tuvo un ataque de pánico y
se le proporcionó una dosis, en una hora le tocaba otra – pausó -Es mejor
prevenir.
Mark chasqueó la lengua, tomó la jeringa y salió del vestidor.
-Buenas noches – saludó un enfermero de guardia apenas Mark ingresó al
elevador.
-Buenas noches – Mark respondió tranquilamente. Trataba de evitar hacer
contacto visual con aquel sujeto, pues podrÃa ser descubierto.
El enfermero salió del elevador un piso antes que Mark, el cual se
relajó apenas estuvo solo. Tras llegar al cuarto piso, tomó una bocanada de
aire y caminó hacia las habitaciones.
-407 – suspiró luego de leer el número.
Mary se habÃa encargado de alejar al personal de aquel piso, por lo que
el lugar estaba desolado.
Mark acechó por la pequeña ventana que habÃa en la puerta; abrió con la
llave que la mujer le habÃa proporcionado la primera vez que tuvieron
relaciones; porque sÃ, Mary se habÃa aprovechado de la situación y exigido más
de la cuenta.
Sin encender la luz, caminó con sumo despacio hacia la cama del hijo de
los Lee. El silencio del lugar era abrumador. Casi podÃa escuchar los latinos
de su corazón.
Justamente cuando estuvo a escasos centÃmetros de la cama, Donghyuck
despertó y le saltó encima, cayendo ambos al suelo. El menor tenÃa un filo para
afeitar en la mano derecha, pero tras darse cuenta de quién se trataba gracias
a la luz de la luna que entraba por la ventana de arriba de la cama, palideció
y soltó el filo.
-¿Me extrañaste? – preguntó Mark.
Donghyuck se bajó del mayor y corrió hacia un rincón de la habitación.
Estaba temblando y sudando frÃo. Mark caminó hacia él y lo tomó con fuerza del
cabello.
-Tomaré eso como un sà – dicho esto, sacó la jeringa que escondÃa en uno
de los bolsillos del uniforme, quitó la tapa con sus dientes y se la clavó al
moreno en el cuello.
En cuestión de menos de un minuto, Donghyuck yacÃa inconsciente en el
suelo.
— 🥀 —
Con ayuda de Johnny, Mark sacó a Donghyuck de la clÃnica y lo sentó en
una silla de ruedas. Salieron por la puerta trasera para evitar intrusos, luego
lo subieron a una van negra conducida por el más alto.
-Mierda, ya me estaba secando de tanto esperar – bufó Johnny.
-La maldita directora cambió los planes y pidió que me la cogiera a
cambio del número de habitación – contestó Mark mientras acomodaba a Donghyuck
en la van.
-Qué asco – murmuró.
Su discusión se vio interrumpida por Mary, la cual por suerte no sabÃa
coreano, por lo tanto, no habÃa entendido la plática.
-Mándale mis saludos a Lucas, dile que muchas gracias por haberme dado
este trabajo – dijo con una enorme sonrisa la mujer.
Johnny y Mark asintieron y partieron hacia una de las casas que Lucas
les habÃa prestado para continuar con la segunda parte del plan.
-Como que esa mujer está media loca, ¿no crees? – comentó Johnny
mientras conducÃa.
-Claro que sÃ. Trabaja con locos, obvio lo va a estar.
-Hablando de locos… – Johnny acomodó el espejo retrovisor para ver a
Donghyuck, el cual seguÃa inconsciente -Parece que alguien se ha portado mal.
Hasta aquà puedo ver las marcas en sus muñecas.
-Según Mary, tenÃa una relación clandestina con el director de la
mañana, lo visitaba casi todos los dÃas, incluso le ilusionaba con promesas de
libertad. Sólo un imbécil se creerÃa esas cosas – explicó Mark.
-¿Q-qué?
-Todo el personal lo sabÃa y nadie hacÃa nada pues es algo bastante
común.
-Demonios, sà que están todos locos ahÃ.
El resto del camino fue en silencio. Ambos disfrutaban de la vista que
el bosque nevado les regalaba.
-Qué linda casa – exclamó Johnny tras divisarla a través de los árboles.
-No te dejes engañar, ahà hace sus orgÃas nuestro querido jefe.
-¿Por qué te empeñas en arruinar todo? – bufó Johnny.
-Sólo digo lo que sé.
Ambos bajaron a Donghyuck. Johnny lo metió a la casa, mientras Mark
bajaba el equipaje.
-¿Cuántos dÃas estaremos aquÃ? – preguntó el más alto.
-No tengo idea. Lucas dijo que llamarÃa para dar las siguientes
instrucciones. Sólo espero que no tarde mucho, cada vez me dan más ganas de
asesinarlo – confesó Mark mirando con odio a Donghyuck.
-Espero que no muramos congelados antes de que llegue—
Las palabras de Johnny fueron interrumpidas por un quejido de Donghyuck.
-Rápido, espósalo y amordázalo – ordenó Mark.
Johnny abrió el maletÃn donde guardaban las esposas y la cinta adhesiva
color gris.
-Vaya, quedó como en las pelÃculas, ¿no crees? – dijo Johnny en tono de broma.
Donghyuck seguÃa en la silla de ruedas, pero habÃa sido esposado de
manos, amarrado de pies y amordazado con la cinta adhesiva.
-Rápido, metámoslo aquà – indicó tras abrir la puerta de la primera
habitación que vio tras ingresar a la casa.
Ambos abandonaron la habitación y regresaron a la sala.
-Mark – llamó Johnny.
-Hmm – contestó el otro.
-¿Estás completamente seguro de esto?
Continuará…